En una tarde quieta
De un día de verano,
Crecida en mi, pequeña,
Crecida como un árbol
De ramas entreabiertas
Para anidar los pájaros,
Así te voy sintiendo,
Callada,
Cristalina,
Mía quizás,
Pequeña,
Pero en mi amor crecida.
A veces,
Cuando te encuentras lejos,
En medio de la noche
Donde la brisa aviva las estrellas,
Quisiera amarte como
Pueden amar las plantas.
Quisiera amarte en flores,
Sin tocarte, ni hablarte,
Simplemente a lo lejos
Confiar mi polen vivo
En las cestas del viento,
Y fecundar tus flores
Para que engendren frutos,
Semillas,
Nuevas plantas,
Árboles hijos nuestros.
Cuando estás lejos,
Pienso,
A través de las noches
En amarte en la forma
Mas inocente y pura
Hasta secar la savia
De nuestros troncos ciegos,
Sin que jamás se toquen
Ni se unan nuestros cuerpos.
Pero en las tardes claras
De este verano pleno
De sol,
Siento la sangre
Latir en mi cerebro,
Encenderse en mis venas,
Aprisionarme el pecho,
Y crecerme y dolerme
Este amor que te tengo.
Cuando estás cerca de mí
Siento golpear la vida
Como un clamor sediento,
Y me absorto en tu cuerpo de muchacha
Con mis ojos despiertos,
Y en tu cabello claro,
Entretejido,
Acariciado apenas por mis dedos,
Y me lleno poco a poco,
Gota a gota,
De un revuelto torrente de deseos
De amarte, de tomarte,
De tenerte
Entre mis brazos,
Derrotada a besos.
Se me confunden todos los esquemas
Cando razono y pienso
Y cuando quiero.
Solo sé que en esta tarde de verano
Te siento florecida en mi recuerdo
Como un árbol crecido dentro mío
Anidando los pájaros…
Y este amor que te tengo.
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