Como una vía deliciosa y franca
Con baches, azabaches y cavernas,
Te transcurre la vida y te recorre
Como un camino entre las arboledas.
Te viste y te desviste y te disfraza
Para disimular ojos afuera,
Y ojos adentro pasa y te desnuda
Y no hay manera de ocultar tu pena.
Como un río de gotas saltarinas
Y un camino de sombra siempre fresca.
Y a veces como un páramo sombrío.
Y otras veces como una huella seca.
Tu caminas, navegas por tu río
Y pones de ti mismo tu quimera
Te mientes y te compras tu mentira
Para no ver la realidad sedienta.
Tú que avanzas, contigo el almanaque;
Camino atrás, la juventud se aleja.
Y te cansas algo más cada mañana,
Y la tarde te encuentra sin respuestas.
Y llegas al final del recorrido:
Se abre en un bosque virgen la foresta,
La ría llega al mar, y como un niño
Este destino ignoto te despierta
Algo como un afán de conocer lo oscuro,
Pero la muerte es noche, y te amedrenta.
Y allí comienzas a retardar el paso,
A retrasar tu llegada a las tinieblas,
Y para ir más despacio, te haces viejo,
Y hasta te empeñas en renegar las fechas.
El segundero se hace tu enemigo
Y su aguja es del verdugo la herramienta.
Entonces miras tus manos vacías,
La ausencia de equipaje te avergüenza,
Pero tu corazón, que tiene frío,
Saca afuera recuerdos en defensa.
Y hay como un algo mágico que hace
Retroceder la sombra y la tristeza,
Que quita el miedo, que levanta el pecho
Y que permite abrir la última puerta:
Es el Amor, extenso y cosechado
A lo largo de toda tu carrera…
Y Amor en mano, como un fuego vivo,
Allá te vas.
Y nunca más regresas.
Para Papá.
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