Este es un espacio de poesía. Reunirá pequeños poemas de distintas épocas de mi vida, sin ningún tipo de ilusión respecto a la aprobación de los que los lean. Algunos los he llevado conmigo desde los tiempos de mi adolescencia, y por lo tanto son poemas de amor, de desencanto, de esperanza y de soledad, que son las cosas que les pasan a los adolescentes y que los llevan a expresar de alguna manera sus sufrimientos, ya que la misma palabra que los identifica deriva de la palabra dolor.

En el fondo de mi corazón, por una causa u otra, todavía adolezco, todavía estoy solo, pero no dejo que mi curtido desencanto haga palidecer mi esperanza.

Roberto M. Serrano

miércoles, 19 de enero de 2011

Cuando llega la noche

Cuando llega la noche
La casa entera cae en el silencio de las sombras.
Y poco a poco van brotando en el vacío
Pequeños ruidos claros, pequeños ruidos
Que surgen desde mí.  Algo te nombra.

Quizás mi soledad. Quizás este tardío
Poner cosas en orden,
Saber de muchos llantos,
Y llorarme también, como me lloro
Cuando tu imagen gris se desdibuja
Y no te veo claro.

Y ahora, como ya ves,
Caigo en las sombras
Junto a tu voz y a tu recuerdo apaciguados...
Y todo un canto de nostalgia
Va surgiendo de mi.

Cuantas veces tu nombre se ha callado
Y aún después de persistir en el vacío
Fue golpeando en el eco,
Fue golpeando
Y se perdió.....

Junto a la noche gris,
La sombra de tu nombre
Se apodera del silencio de la casa
Alguna vez,
                     Quizás
                                  De vez en cuando.


viernes, 14 de enero de 2011

Una vez fue verano

Una vez fue verano, y yo era joven.
Me deslumbró lo poco
 que creía tener entre mis manos.
Y me escondí en mis versos de juguete
Y en mis tristes canciones. Barrilete
Atrapado entre las ramas de grafito
De un árbol florecido en el verano.

Alguno me empujaba hacia delante
Y fui, casi sin voz, hacia el destino.
Me fui apropiando de voces palpitantes
Que dieron un después y luego un antes
A este duro ejercicio del camino
Y a la férrea tozudez del caminante.

Quise ser una estrella deslumbrante
Que no fuese alabada por su brillo
Sino por alumbrar a los que sufren,
Y a los desposeídos.
Algo tuve en las manos, una fuerza
Que era anterior a mi y que fue mi sino.
Usé las manos para hacer milagros
(Los milagros no son más que la esperanza
Vista a través de los ojos de los niños.) 

Me fui vistiendo con la ropa ajena
Hasta que pude vestirme con lo mío.
Nunca pude creerme más que nadie,
Pero sí diferente y no distinto.
Tuve mi paraíso sin cinema
Y tuve purgatorio sin castigo.
Volví a la vida después de mucho tiempo
De andar sólo, desamado y ya vencido.

Pero la vida, que no da segundas vueltas
Tuvo un gesto de piedad para conmigo
Y te puso en mi camino y en mi alma
Y me empujó a tu amor como a un segundo sino.

Y construí el resto de la historia
Y caminé hasta el fondo del camino
De tu mano, sin soltarme de tu mano.
Y al final la soledad fue mi destino.

Y hoy ya llegó el invierno, y yo estoy viejo.
Y  he perdido la alegría y el motivo
Que me hizo un hombre tan solo para amarte
Y para darte hijos.
Hoy mis hijas mantienen mi esperanza
De mantenerme tozudamente vivo
Porque vos no podrías perdonarme
Que las abandonara si aún cuentan conmigo.

En esta tarde gris, fría y amarga
Te veo como sombras que se muestran
Fugazmente en el entorno mío.
No se lo digo a nadie, porque quiero
Parecer que estoy cuerdo en mi delirio.
Y a pesar que te hablo y no contestas,
Yo sé que estás aquí, entre mis gatos,
Mis perros y mis libros
Y que cantás conmigo en la guitarra
Y te arrimás a mí porque hace frío.

Nunca me imaginé que era tan triste
Hacerme viejo
Sin que vos te hicieras vieja al lado mío.

Abril 13 de 2008

lunes, 10 de enero de 2011

ITINERARIO


Como una vía deliciosa y franca
Con baches, azabaches y cavernas,
Te transcurre la vida y te recorre
Como un camino entre las arboledas.

Te viste y te desviste y te disfraza
Para disimular ojos afuera,
Y ojos adentro pasa y te desnuda
Y no hay manera de ocultar tu pena.

Como un río de gotas saltarinas
Y un camino de sombra siempre fresca.
Y a veces como un páramo sombrío.
Y otras veces como una huella seca.

Tu caminas, navegas por tu río
Y pones de ti mismo tu quimera
Te mientes y te compras tu mentira
Para no ver la realidad sedienta.

Tú que avanzas, contigo el almanaque;
Camino atrás, la juventud se aleja.
Y te cansas algo más cada mañana,
Y la tarde te encuentra sin respuestas.

Y llegas al final del recorrido:
Se abre en un bosque virgen la foresta,
La ría llega al mar, y como un niño
Este destino ignoto te despierta
Algo como un afán de conocer lo oscuro,
Pero la muerte es noche, y te amedrenta.
Y allí comienzas a retardar el paso,
A retrasar tu llegada a las tinieblas,
Y para ir más despacio, te haces viejo,
Y hasta te empeñas en renegar las fechas.

El segundero se hace tu enemigo
Y su aguja es del verdugo la herramienta.

Entonces miras tus manos vacías,
La ausencia de equipaje te avergüenza,
Pero tu corazón, que tiene frío,
Saca afuera recuerdos en defensa.

Y hay como un algo mágico que hace
Retroceder la sombra y la tristeza,
Que quita el miedo, que levanta el pecho
Y que permite abrir la última puerta:
Es el Amor, extenso y cosechado
A lo largo de toda tu carrera…

Y Amor en mano, como un fuego vivo,
Allá te vas.
                 Y nunca más regresas.



Para Papá.

Cuerpo de mujer

Te amo, cuerpo de mujer, niña consciente,
Madurada en otoño sin saberlo.

En ti quisiera hundirme y perpetuarme,
Y saber que estoy en ti, que vivo en ti,
Y que tú me cobijas en tu seno.
Quizás deba enseñarte lo más simple,
Quizás deba ocultarte lo más bello.
Voy a llegar a tí sin saber como,
Pero te irás de mí, huirás de mí sabiendo.

Y yo seré tu guía en la alborada,
En el firme principio del camino.
Y cuando ya te haya enseñado lo que sé,
Y cuando todo ya lo hayas aprendido,

Te irás de mí, y yo me iré quedando;
Huirás de mí, y yo estaré perdido.

¿Quién de los dos se quedará llorando
El dolor infinito de estar vivo?

Repujado

En esta enorme pieza donde escribo
Desde hace tantos años,
Donde hablo de las cosas
Que he perdido,
De lugares y gente
Que he ganado,
De esperanzas,
Que a veces se han cumplido
Y de sueños,
Que nunca he realizado

En esta enorme pieza tengo,
Guardo,
Grandes montañas de papeles sucios
Que una vez fueron blancos,
Enormes cantidades de palabras
Trabajadas a mano,
Y pensamientos puros,
Repujados
Sobre mi propio cuero
Con la dura
Herramienta de mi llanto.

Aún estoy en una edad extraña
En que a veces me asombro
- y sigo andando-,
En que a veces me hieren,
- y camino
Sin devolver el daño-,
En que a veces me siento diferente
Por sentirme hermanado
A todos los que junto a mí caminan
Con un simple y sencillo tranco largo.

Voy aprendiendo a amar.
Quizás te extrañe,
Pero es cierto que aprendo
Paso a paso.
Nunca antes de tu amor
Sentí la ausencia
Del refugio sereno de tus brazos,
De esta sed de contarte
Mis anhelos,
Mi esperanza escondida,
Mis fracasos,
De esta ansiedad
De sentirme sólo tuyo
Para todos los tiempos
Y los años.

En esta enorme pieza en que te escribo
Y te sueño callado
Tú vienes, noche a noche
A refugiarte
Y a llenar con tu cuerpo
Mi regazo.

Gaviota

Pájaro de Mar
Viejo, errabundo y cansado,
Que has vuelto a refugiarte,
Descolorido y gris,
Del frío del invierno,
Del viento de los años,
Del temor de la nada,
Solitario,
Reconcentrado en ti.

Cuando el tiempo te acabe,
Despiadado,
Quizás en pleno vuelo,
Cuando la bajamar,
Sentirás como un frío
Paralizando tu ala,
Se nublarán tus ojos,
Te esperará la arena,
Te cubrirá la espuma
De las olas del mar.

-¿Donde morirás solo
Como solo viviste!?-
Después,
Tus huesos blancos
A la orilla del mar,
Asomándose apenas
De la arena en la playa
Señalarán el punto
De tu vuelo final.

Cuando el verano llegue
Volveré, camarada,
A recorrer la fresca
Madrugada de Ajó.
Y nada habrá cambiado.
Desde tu eterna nada
Yo volaré tu sueño con mis alas
Por entre el Mar y el Sol!

Naturaleza

En una tarde quieta
De un día de verano,
Crecida en mi, pequeña,
Crecida como un árbol
De ramas entreabiertas
Para anidar los pájaros,
Así te voy sintiendo,
Callada,
Cristalina,
Mía quizás,
Pequeña,
Pero en mi amor crecida.

A veces,
Cuando te encuentras lejos,
En medio de la noche
Donde la brisa aviva las estrellas,
Quisiera amarte como
Pueden amar las plantas.
Quisiera amarte en flores,
Sin tocarte, ni hablarte,
Simplemente a lo lejos
Confiar mi polen vivo
En las cestas del viento,
Y fecundar tus flores
Para que engendren frutos,
Semillas,
Nuevas plantas,
Árboles hijos nuestros.

Cuando estás lejos,
Pienso,
A través de las noches
En amarte en la forma
Mas inocente y pura
Hasta secar la savia
De nuestros troncos ciegos,
Sin que jamás se toquen
Ni se unan nuestros cuerpos.

Pero en las tardes claras
De este verano pleno
De sol,
Siento la sangre
Latir en mi cerebro,
Encenderse en mis venas,
Aprisionarme el pecho,
Y crecerme y dolerme
Este amor que te tengo.
Cuando estás cerca de mí
Siento golpear la vida
Como un clamor sediento,
Y me absorto en tu cuerpo de muchacha
Con mis ojos despiertos,
Y en tu cabello claro,
Entretejido,
Acariciado apenas por mis dedos,
Y me lleno poco a poco,
Gota a gota,
De un revuelto torrente de deseos
De amarte, de tomarte,
De tenerte
Entre mis brazos,
Derrotada a besos.

Se me confunden todos los esquemas
Cando razono y pienso
Y cuando quiero.


Solo sé que en esta tarde de verano
Te siento florecida en mi recuerdo
Como un árbol crecido dentro mío
Anidando los pájaros…
                                    Y este amor que te tengo.